Aunque, como he comentado anteriormente, el optimismo y las ganas de investigar un poco en el ámbito de la informática pueden llegar a descender por la falta de tiempo y por el trabajo, hay veces que sientes la necesidad de programar. Es algo que no se puede evitar. Empiezas a maquinar en tu cabeza como se harían todos los proyectos del mundo, y la única manera de acabar con eso es programando.
Archivo para mayo de 2006
Si los arquitectos fuesen diseñadores de software
Como Ingeniero Informático veo que este escrito, visto en BETA WRITING, es una realidad. A los Ingenieros se nos piden cosas imposibles a las que debemos dar el visto bueno, mientras que si se aplicase, por ejemplo, a un arquitecto, directamente tratarían al cliente de loco.
Este texto ya es un poco antiguo, y esto es una traducción de Pablo López, del blog anteriormente comentado.
El efecto M
Ayer, Microsiervos me enlazó una entrada en su blog. Sí, como lo oís. Más sorprendido me quedé yo cuando la estaba layendo y dije “¡Coño!, estos también lo han visto” refiriéndome al tema de la entrada, a lo que luego seguí pensando (raro que piense, pero de vez en cuando…) “Jeje… pero lo he puesto yo primero en mi blog”. Pero cuando llego al final de su entrada veo “Vía BeOSmAn” y vuelvo a decir “¡Coño!” (esta vez con más énfasis todavía) “¡Pero si me han enlazado!”.
Y con una sonrisa de oreja a oreja por sentirme por un ratito un poco importante en Internet, le envío un mensaje a mi amigo Héctor (donde está alojada esta página) para que esté atento con el servidor, porque si tiene más de un par de usuarios se peta…
Pero la avalancha de visitas no fue tal. Apenas superé las 30. Si es que cuando hay poco contenido… y conmigo El Efecto M pues no funcionó. A ver si con un poco de suerte, alguien más enlaza una de mis entradas otra vez y me siento otro ratito un poco importante. Porque cuando escribes un blog, aunque sea por diversión, como es el caso, siempre viene bien una inyección de autoestima gracias al reconocimiento de los demás.
Gracias a todos por leer y, sobre todo, gracias por leerme.
No piense mal…
No piense mal de mí, señorita. Mi interés por usted es puramente sexual.
Groucho Marx
(y seguro que el pensamiento de muuuuuchos
hombres y alguna que otra mujer).
Móvil nuevo (por fin)
Por fin tengo un teléfono móvil nuevo. Al final, la compañía de telefonía móvil donde estaba (Amena) me cobraba mucho en mis llamadas. Y aunque me cambiase de tarifa para ahorrar un poco pues no me daban otro móvil (que ya iba siendo hora) así que al final decidímos (mi novia y yo) cambiarnos a Vodafone.
La tarifa que elegimos fue la de 24 horas a 0,18 € por minuto a todos los móviles, para luego elegir la Tarifa Vitamina de 60×1, esa que a móviles Vodafone y a fijos hablas 60 minutos y pagas sólo el primero.
Mi novia eligió un Sharp GX25 (a 0 €) y yo elegí un Motorola V360 (a 29 €).
Y esta entrada es más que nada porque estoy contento por cambiar el dichoso aparato. Que soy un friki y me gustan estas cosillas tecnológicas. Cuando lleve un tiempo funcionando con él ya contaré algo más.
Actualización: Seguramente también nos daremos de alta con la tarifa a2, para así ahorrar más y más, que la vida está mu mal.
Google y la adaptación de las páginas web
¿No os ha pasado alguna vez que estáis en algún sitio público navegando por Internet e intentáis ver una página un poco rara y os dice el navegador que no podéis hacerlo porque está restringida?
Pues, yéndose un poco del tema, los señores de Google han desarrollado un sistema para adaptar cualquier página web a diferentes dispositivos como teléfonos móviles y PDA‘s. Y, volviendo al tema, también se comenta (no es un blog así que hay que buscar dónde) que gracias a este sistema se pueden ver páginas restringidas por el ISP o por la censura en según qué países.
Lo que hay que poner en la barra de direcciones de tu navegador es lo siguiente:
http://www.google.com/gwt/n?u=<URI>
Y con esto parece que funciona todo. Yo no lo he probado en un ambiente donde estén las páginas restringidas, pero sí en uno normal y lo que creo que hace (a priori) es quitar la hoja de estilos para que sólo se vean los contenidos en el teléfono móvil o PDA. En cuanto lo pruebe en otro sitio ya comento. Y si alguien lo prueba que deje algún comentario.
Pausas ocupacionales y la puntería
Y volvemos a estar trabajando. Y otra vez con ganas de mear orinar. Y uno se levanta y va al baño y cuando entra en el cuarto… ¡sorpresa! ¡Aquello no es un baño, es una piscina!
¡Pero qué coño es esto! O sea que ahora se presume de que somos más higiénicos, más limpios y más aseados, y vamos a un baño que no es el nuestro y en lugar de mear orinar dentro, lo salpicamos todo. Qué digo salpicar. Meamos todo fuera. Qué pasa ¿es que estamos marcando el territorio? ¡Ahh, noooo, espera! Que como no es nuestra casa, si se escapa un poquito fuera de la taza porque estoy silbando y mirando al techo pues ya lo limpiarán… ¡pero qué cerda antihigiénica es la gente!
Nota: me incluyo en el comentario porque soy un tío, pero que sepáis que en la vida he hecho eso ni lo haré nunca. Ni en mi casa ni en ningún sitio.
Pausas ocupacionales y metrosexualidad
Y estamos trabajando y a uno le entran ganas de ir la baño. Y me levanto, abro la puerta, me dirijo al pasillo para entrar en el baño cuando justamente sale un hombre perfectamente vestido, de traje, corbata, repeinado,… entro en el baño y veo que el labavo está seco y me doy cuenta de que en ningún momento he oído el secador de manos. ¡Dios mío! ¡¿Qué es esto?! ¡Qué gente! O sea, que vas como un perfecto metrosexual, echas la meada orinas ¡¿y no te lavas las manos?! ¡Vamos hombre! Y luego vas por ahí viendo a esa gente tan bien vestida, con tanta pasta,… y resulta que son unos cerdos antihigiénicos.
Si es que… a partir de ahora hay que plantearse a quién se le da la mano. A saber donde la ha metido.
Nota: Esto es un caso real y como este muchos. Me pasa constantemente cuando voy al baño. ¿Que no os lo creéis? Fijáos bien la próxima vez.
Huevo de pascua
Un huevo de pascua en una aplicación informática, también conocido como Easter Egg, es una funcionalidad oculta que los programadores introducen a modo de juego, chiste, mensaje, etc. También pueden existir huevos de pascua en CD, DVD, películas, música, etc.
En multitud de aplicaciones existen huevos de pascua, incluso de las aplicaciones más serias de Microsoft. Pero sobre todo los huevos de pascua se encuentran en aplicaciones de software libre. Y aquí está el ejemplo.
En la suite ofimática OpenOffice.org existe un huevo de pascua en su hoja de cálculo. Para verlo basta con poner en la barra de fórmulas la siguiente línea:
=GAME(“StarWars”)
Y presionar Enter. Entretenido, sí.
La riqueza del lenguaje castellano
Este texto que ahora muestro ya lo había leído yo hacia el año 1995, cuando Internet en España era una cosas rara donde andaban los frikis y que se accedía a través de Infovía de Telefónica (¡qué tiempos!), gracias a mi profesora de Lengua de 2º de B.U.P. que se llamaba Maria José y que no he vuelto a ver.
La información tardaba más en llegar pero llegaba, no sé de donde lo sacaría, pero este texto nos lo puso para ver eso: la riqueza del lenguaje castellano.
Cojones
Si va acompañado de un numeral, tiene significados distintos, según el número utilizado. Así “uno” significa caro o costoso [valía un cojón]; “dos” significa valentía [tiene dos cojones, con dos cojones]; “tres” significa desprecio [me importa tres cojones]; un número muy grande y par, significa dificultad [lograrlo me costó mil pares de cojones].
El verbo cambia el significado. “Tener” indica valentía [aquella persona tiene cojones]; aunque en admiración puede significar sorpresa [¡tiene cojones!]; “poner” expresa un reto, especialmente si se hace en algún lugar determinado [puso los cojones encima de la mesa]. Se los utiliza para apostar [me corto los cojones]; o para amenazar [te corto los cojones].
El tiempo del verbo utilizado cambia también el significado de la frase. Así el tiempo presente indica molestia o hastío [me toca los cojones]; el reflexivo indica vagancia [se tocaba los cojones]; el imperativo significa sorpresa [¡tócate los cojones!].
Los prefijos y sufijos modulan su significado; “a” expresa miedo [acojonado]; “des” indica cansancio [descojonado]; “udo” significa perfección [cojonudo]; “azo” se refiere a indolencia o abulia [cojonazos].
Las preposiciones matizan la expresión: “de” significa éxito [me salió de cojones], o cantidad [hacía un frío de cojones]; “por” expresa voluntad [lo haré por cojones]; “hasta” señala el límite de aguante [estoy hasta los cojones]; “con” indica el valor [era un hombre con cojones], y “sin” la cobardía [era un hombre sin cojones].
Es distinto el color, la forma, la simple tersura o el tamaño. El “morado” expresa el frío [se me quedaron los cojones morados]; la forma el cansancio [tenía los cojones cuadrados]; el desgaste implica experiencia [tenía los cojones pelados de repetirlo]. Es importante el tamaño y la posición [tiene dos cojones grandes y bien plantados]; sin embargo, hay un tamaño máximo [tiene los cojones como el caballo de Esparteros] que no puede superarse, porque si no indica torpeza o vagancia [le cuelgan, se los pisa, se sienta sobre ellos, necesita una carretilla para llevarlos].
Como interjección [¡cojones!] significa sorpresa, y cuando uno se halla perplejo los solicita [¡manda cojones!].
En ese lugar reside la voluntad y de allí surgen las órdenes [me sale de los cojones].
En resumen, será difícil encontrar una palabra, en castellano o en otros idiomas, con mayor número de acepciones.
Esta palabra, tan bonita ella al igual que cargada de significado, es una palabra muy rica que todos usamos o hemos usado alguna vez…
¡Qué cojones, mola un huevo!
Sentirse como un programador
Copiado del blog de Celso González de hace bastante tiempo (es que estoy revisando algunas entradas en mi lector RSS). En esta entrada comenta las fases que experimenta un programador cuando tiene el mono.
La siguiente fase es la de reorganización. En un momento dado te das cuenta que tu mente va más deprisa que el código que generas, antes de entrar en esta fase es al revés, y que deberías parar un momento a generar un código más eficiente, más portable, más legible, algo más estandarizado y que incluso un subversión te vendría bien. Al final pasas del subversion por el tiempo que te llevaría leer tres páginas de documentación y sufres del clásico síntoma de libreritis. Empiezas a organizar clases en librerias, creas apis, renombras variables y desgastas dos milímetros las teclas de copiar y pegar.
La tercera fase es la del piño. Te quedas atascado con un problema, ya que al único que compilan los programas a la primera es a Chuck Norris. Un fallo que no encuentras, una situación que no te habías planteado o cualquiera de los múltiples poltergaist que se encuentra un programador. Llenas el código de printfs, de asignaciones de variables y juras en arameo. Al llegar a esta fase, si no vives solo, tu pareja percibe que no te ha visto últimamente y decide venir a empreñarte con tonterías como “¿qué haces?” o “¿qué te pasa?” justo a mitad de una sesión de debug.
Esta fase se puede prolongar en el tiempo y tu nivel de cabreo sube de forma exponencial, además tu pareja también se cabrea contigo diciendo que la ignoras, que la chillas y que además hay que ir al super para hacer la compra. La mayoría de divorcios de programadores son provocados por una mala asignación de valores no detectada.
Poco a poco el cabreo se te va pasando, pero el interés por el programa bloqueado también, es en ese momento cuando vuelves a la vida real. Empiezas con las comidas a las horas que toca, ves algo de televisión, incluso duermes, pero… no del todo.
El problema se ha quedado incrustado en tu cerebro en segundo plano, si te concentras un poco incluso le oyes dar vueltas por ahí dentro, y precedido por un toque de trompetas aparece la solución al jodido bug. Da igual lo que estes haciendo o la hora que sea, normalmente las tres de la mañana, vas corriendo al ordenador y tienes una recaída de la fiebre inicial y entre gritos y exclamaciones varias descubres que funciona
Por último tienes el subidón, terminas el programa y la cosa funciona. Buscas gente a quien contarselo, si el programa es complejo te das cuenta de lo bueno que eres y te cuelgas medallas. Caminas por la calle con una sonrisa de oreja a oreja y cuando la gente te mira lamentas que ellos no sepan todo lo que tú has hecho, pero el subidón se pasa y vuelves al letargo. Volverá a pasar un tiempo hasta que tengas tú idea o que el proyecto te apasione y mientras tanto pasaras las horas con tu ordenador esperando, ¿deseando?, que vuelva esa sensación.
En resumen, no se si un programador es un yonki, que tiene que meterse su dosis para tener el subidón de forma periódica, o un enfermo crónico con recaídas en su enfermedad. ¿tú que piensas?
¡Qué razón tiene! Quizás he sentido esa sensación y he vivido esa situación… tropecientas veces.
Atribuciones
No atribuir a la maldad lo que se puede explicar por la incompetencia
Libertad de decisión
¿Por qué si soy musulmán no puedo hacer lo que me venga en gana atendiendo a mis principios adquiridos a lo largo de mi vida gracias a la educación y a las ideas de diferentes culturas? ¿Por qué en esta religión se me prohibe hacer cosas porque sí? ¿Por qué los musulmanes no se plantean que puede que lo que diga el Ayatolá no sea cierto?
Puf, estas preguntas me comen la cabeza. Cada vez que leo algo de esto me enciendo. Y no porque esté en contra de las religiones (que sí lo estoy) sino porque no me explico por qué la gente puede ser tan ignorante y no pensar que lo que le están contando sea una milonga.
Increíble.
En estos enlaces se responden a algunas preguntas del Islam. Y esta entrada está inspirada por la de Javi Moya, otra de las tantas que tiene respecto al Islam.
Jugando con Google Trends
Jugando otro ratito con Google Trends, después de la entrada de ayer donde lo comentaba Javi Moya, he puesto la palabra sexo. Sexo en español porque el señor Moya sólo la nombra en inglés.
Y sale esto. Y yo me pregunto ¿cómo es posible que los españoles no estemos los primeros en este ranking? ¿Cómo es posible que ni siquiera estemos entre los 10 primeros? No me lo puedo creer…
En mi opinión pueden pasar dos cosas: o que somos unos bocas y sea mentira todo lo que decimos, o que sea todo verdad y estemos tan hartos que ya pasamos de ver sexo (nos basta con hacerlo). De todas formas yo contribuyo a que subamos en este ranking
Internet y el Islam
Hoy he estado instalando la última versión del MSN Messenger, que, como salen cada poquito nuevas versiones (mejor así, no meses sin actualizar y lleno de agujeros de seguridad), pues toca instalador. Pero además del instalador, hay por ahí un parche que te prermite quitar la publicidad del programilla y alguna que otra cosa.
Pues bien, llegada la finalización del parche, aparece su autor que resulta que parece ser que es islamista y pone unos enlaces para que leas acerca del Islam y esas cosas (en inglés). No lo he leido del todo pero vamos, me lo puedo imaginar. Que si Allah (o Alá en español) es el único dios, que si este es el sentido de la vida… eso en cuanto a cómo nos quieren convencer.
Luego está cómo son realmente. Que si no pueden comer carne de cerdo, que el Corán dice que hay que promulgar la paz y ser tolerante, que si el machismo, que si una mujer no tiene ni voz ni voto (poco más y no tiene ni cara por culpa del burca), que si no se puede tener sexo como las personas normales, que si no pueden ver porno,…
Pues leyendo el blog de Javi Moya (uno de mis habituales) me entero en su entrada comentando el Google Trends, que los países que más sexo buscan en Internet tienen una cosa en común: son todos musulmanes. Y si no me lo creen, pasen y vean.
Y realmente no me sorprende. Todos somos humanos creamos en lo que creamos (aunque yo prefiero no creer en nada) y el sexo es algo natural. Lo que realmente me sorprende es que se maten (y nos maten) por disfrutar de la vida. Pero claro, su religión se lo prohibe. A los ojos de la sociedad voy a ser el más santo devoto, pero luego en la intimidad de Internet, como nadie me ve, voy a hacerme pajillas viendo porno gratis. Yo a eso le llamo hipocresía. Pero eso sí, no se lo digas porque luego vienen y te ponen un coche bomba. Cosa que me recuerda otro conflicto parecido pero por unas tierras aquí cerca… bueno, eso es otra historia que espero que se solucione pronto.
Repartidores
«Cinco años estudiando una carrera para que llegues a una empresa de lo tuyo y te hagan repartir carteles.»
A mi no me ha pasado, de momento, claro. Pero conozco a un amigo que tiene una prima cuyo sobrino tiene un cuñado que conoce a una persona que le pasó.
Pues sí, cuando llegas a un curro prepárate para hacer de todo. Da igual lo que hayas estudiado o la experiencia que tengas. Prepárate.
Y mira, este es un buen eslogan para el Ministerio de Educación y Ciencia.





