Ahora que empiezan los escolares el nuevo curso académico y viendo a todas las madres de aquí para allá comprando libros y más libros, yo me pregunto una cosa: ¿por qué estando en el mismo país y estudiando las mismas materias todos los alumnos, cada colegio tiene un conjunto de libros diferente que, además, cambia cada año?
Cuando yo estudiaba, en el colegio teníamos libros de hace varios años, de nuestros hermanos mayores la mayoría, porque esos libros valían; lo mismo que les habían enseñado a ello nos lo iban a enseñar a nosotros. ¿Ahora es distinto? ¿No es lo mismo lo que aprendí yo que lo que van a aprender mis hijos?
Comprendo que el mundo evoluciona y que las cosas cambian, pero creo que las enseñanzas básicas, como las matemáticas, el lenguaje, la física, la química, la historia,… todo eso no cambia. La historia no cambia, se amplía; y lo único que, a mi entender, puede cambiar, son las ciencias sociales. Pero no. Para los profesores y, sobre todo, las editoriales, estas materias cambian todos los años.
Y luego los padres y madres se quejan de que no dan a basto con los gastos. ¿Y qué hacen con los libros del año anterior que no valen para sus hijos en el nuevo curso ni tampoco para los hijos más pequeños que empiezan? ¿Los tiran?
Pero la solución no está en nuestra mano. Parece que hay muchos intereses (económicos, por supuesto) entre los profesores y las editoriales y no están por la labor de cambiar su forma de hacer las cosas.
Quizás, una buena solución sería hacer libros con materias comunes invariantes, como las matemáticas, la física o la química. Si acaso, año tras año, modificarlos para adecuarlos a los nuevos métodos de enseñanza, pero con los mismos contenidos, para que alguien que no los pueda comprar nuevos no tenga ningún problema. Y para los libros que cambian, como el de historia o sociedad, ampliarlos. Y los libros antiguos valdrían porque, realmente, en el colegio casi nunca se llega al final de los temas.
Y si alguna comunidad autónoma se queja porque dice que tiene una cultura propia (está en todo su derecho), se podría añadir un «minilibro» con toda la información adicional que se requiera de dicha comunidad autónoma. Y alguno se quejaría de que no están en el idioma oficial de la comunidad. Ahí no habría discusión: están ustedes en España, por tanto los libros en español. A ver si ahora que estamos intanto globalizar el mundo vienen ustedes a separarse por culpa del idioma.
Pero claro, aquí habría otro problema: ¿quién se llevaría el gato al agua con la redacción, edición y publicación de estos libros? Es un pastel demasiado goloso para dejarlo escapar. Y estaríamos en la misma: lo importante es el dinero, no la educación.