Como ya sabréis por la mayoría de blogs dedicados a la informática, Internet, linux, etc., así como las páginas de noticias de este mundillo, ya ha salido la versión 6.10 de Ubuntu, también conocida como «Edgy Eft». Y claro, teniendo nuestro sistema con la 6.06, toca actualizar.
Y para ello, tal cómo se indica en la documentación de la página principal de Ubuntu, para actualizar de la versión 6.06 LTS a la versión 6.10, hay que ejecutar el siguiente comando:
gksu "update-manager -c"
La opción “-c” indica que hay que buscar en todas las actualizaciones ya que la versión 6.06 LTS no lo ofrece por defecto debido a su carácter de largo periodo de soporte y su gran estabilidad.
Una vez ejecutada la orden, aparecerán unas cuentas ventanas, entre ellas la aceptación de la licencia GPL. Finalmente, el paso previo al inicio de la instalación es una advertencia que dice que una vez iniciado el proceso de actualización no será posible cancelarlo. Aceptada dicha avertencia comienza la actualización.
Para muchos usuarios, el problema de que no se pueda cancelar la instalación, ni tan siquiera pausarla, no sería nada grave, bastaría con dejar el ordenador encendido hasta que termine y listo.
Pero siempre hay algún usuario que necesita el ordenador para otros menesteres, otros sistemas operativos, o símplemente necesita reiniciar o apagar el sistema. Por ejemplo en el caso de que sea un portátil (como desde el que estoy escribiendo).
Y para poder hacerlo sin que se cancele la instalación de la nueva versión basta con hibernar el sistema en lugar de apagarlo. Aunque a priori se podría pensar que sí se cancelaría la instalación (que el sistema de actualización daría un error al cortarse la red) el Update Manager no produce ningún fallo, ya que, en caso de falta de conexión de red, simplemente espera hasta que sea restaurada.
Y gracias a esto, una hibernación del sistema sí que permite trabajar con el ordenador de otra forma sin tener ningún problema con la actualización a Ubuntu 6.10 pudiendo demorarla el tiempo que sea necesario sin tener que interrumpirla de algún modo un poco más rudo, con la posible consecuencia de que no vuelva a arrancar, claro.











