La riqueza del lenguaje castellano

Este texto que ahora muestro ya lo había leído yo hacia el año 1995, cuando Internet en España era una cosas rara donde andaban los frikis y que se accedía a través de Infovía de Telefónica (¡qué tiempos!), gracias a mi profesora de Lengua de 2º de B.U.P. que se llamaba Maria José y que no he vuelto a ver.

La información tardaba más en llegar pero llegaba, no sé de donde lo sacaría, pero este texto nos lo puso para ver eso: la riqueza del lenguaje castellano.

Cojones

Si va acompañado de un numeral, tiene significados distintos, según el número utilizado. Así “uno” significa caro o costoso [valía un cojón]; “dos” significa valentía [tiene dos cojones, con dos cojones]; “tres” significa desprecio [me importa tres cojones]; un número muy grande y par, significa dificultad [lograrlo me costó mil pares de cojones].

El verbo cambia el significado. “Tener” indica valentía [aquella persona tiene cojones]; aunque en admiración puede significar sorpresa [¡tiene cojones!]; “poner” expresa un reto, especialmente si se hace en algún lugar determinado [puso los cojones encima de la mesa]. Se los utiliza para apostar [me corto los cojones]; o para amenazar [te corto los cojones].

El tiempo del verbo utilizado cambia también el significado de la frase. Así el tiempo presente indica molestia o hastío [me toca los cojones]; el reflexivo indica vagancia [se tocaba los cojones]; el imperativo significa sorpresa [¡tócate los cojones!].

Los prefijos y sufijos modulan su significado; “a” expresa miedo [acojonado]; “des” indica cansancio [descojonado]; “udo” significa perfección [cojonudo]; “azo” se refiere a indolencia o abulia [cojonazos].

Las preposiciones matizan la expresión: “de” significa éxito [me salió de cojones], o cantidad [hacía un frío de cojones]; “por” expresa voluntad [lo haré por cojones]; “hasta” señala el límite de aguante [estoy hasta los cojones]; “con” indica el valor [era un hombre con cojones], y “sin” la cobardía [era un hombre sin cojones].

Es distinto el color, la forma, la simple tersura o el tamaño. El “morado” expresa el frío [se me quedaron los cojones morados]; la forma el cansancio [tenía los cojones cuadrados]; el desgaste implica experiencia [tenía los cojones pelados de repetirlo]. Es importante el tamaño y la posición [tiene dos cojones grandes y bien plantados]; sin embargo, hay un tamaño máximo [tiene los cojones como el caballo de Esparteros] que no puede superarse, porque si no indica torpeza o vagancia [le cuelgan, se los pisa, se sienta sobre ellos, necesita una carretilla para llevarlos].

Como interjección [¡cojones!] significa sorpresa, y cuando uno se halla perplejo los solicita [¡manda cojones!].

En ese lugar reside la voluntad y de allí surgen las órdenes [me sale de los cojones].

En resumen, será difícil encontrar una palabra, en castellano o en otros idiomas, con mayor número de acepciones.

Esta palabra, tan bonita ella al igual que cargada de significado, es una palabra muy rica que todos usamos o hemos usado alguna vez…

¡Qué cojones, mola un huevo!

Una persona ha comentado en “La riqueza del lenguaje castellano”

  1. La Zona dice:

    Pérez-Reverte, compañero, esa pequeña tesis acerca de la palabra cojones es de Arturo Pérez-Reverte. ;)

    http://www.procura.org/juego.htm
    ó
    http://www.google.com/search?q=perez+reverte+%2B+cojones

    Salud.

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