
Ayer, en 50 ciudades españolas, ciudadanos normales —y no sólo jóvenes, parados, desencantados… como habitualmente nos llaman los medios de comunicación— se manifestaron contra los actuales poderes políticos y la vergüenza de democracia (si se le puede llamar así) que tenemos en este país.
Parecía que sólo había que manifestarse contra ellos, pero los hechos nos han mostrado que también hay que hacerlo contra los periódicos, porque la cobertura mediática de estos eventos (recordemos, 50 ciudades españolas simultáneamente y sin ningún color político de por medio) ha sido vergonzosa, patética, nimia y partidista. Incluso RTVE, la televisión que pagamos todos, ni siquiera se ha dignado a narrar una noticia en condiciones más allá de los pocos segundos. Y los que lo han hecho lo han hecho mal. Fijáis cómo ha sido que, para informarse de lo que realmente estaba pasando, había que leer la prensa extranjera. Por ejemplo, The Washington Post.
Ahora, del famosérrimo #nolesvotes, tendremos que pasar al #nolesleas, porque parece que si no les damos donde más les duele, en el bolsillo, no se enteran.
Fijaos que lo que más se comenta, después de todas las críticas que la ciudadanía había recibido respecto a que sólo había revoluciones de ratón y teclado, es esto:
De repente, después de tanta tanta cháchara sobre ciberrevoluciones, va Internet y funciona. Después de tanta discusión sobre la pasividad de los jóvenes, van y salen a la calle.
Sólo me queda esbozar una gran sonrisa pensando que, aunque la mayoría de las protestas las hacemos a través de Internet ya que esta es la mejor plataforma de organización descentralizada, también sabemos salir a la calle, protestar, hacer ruido, mostrar nuestra indignación… por mucho silencio mediático que haya. Porque aunque apenas nadie dice nada, los hechos está ahí y ya nadie los podrá borrar.
Ahora, el 22 de mayo tenemos la segunda oportunidad de cambiar las cosas. El año que viene, la definitiva. Y sólo depende de ti. #nolesvotes, ¡pero vota!