En una de las despedidas de soltero de este año —estamos en la época de casamientos— nos fuimos a hacer un poco de rafting al río Ulla, en Herbón, A Coruña.
El funcionamiento es el siguiente: todos los que vamos a participar nos reunimos en el bar Casa Dios (perfecto nombre para el bar, sí). Luego nos guían hasta una nave donde nos dan unos neoprenos, casco y chaleco salvavidas (seguridad ante todo). El calzado para mojar ya lo llevas tú.
Lo siguiente es acercarnos hasta donde están las barcas y ahí, los tripulantes de cada barca, tienen que bajarla hasta el río. Primera odisea: la barca no entra de ancha por el camino y los laterales están llenos de zarzas. El neopreno es corto, por si alguien lo dudaba.
Y de ahí, a navegar. Bueno, no sin antes oír las recomendaciones del monitor, con una seriedad abrumadora, sobre el uso de los remos y sobre la peligrosidad de los rápidos. Vamos, eran cinco, el primero nos dijo que era normal y el último nos lo puso poco menos que “mortal”. Con seriedad y tranquilidad, eso sí.
Justo después, y con el mismo tono de voz de las recomendaciones, comentó: “bueno, vamos a acercarnos a esa barca despacio… que los vamos a tirar a todos”. Y acto seguido, según chocamos con la barca adyacente, Rai —el despedido— saltó en dos pasos a la barca vecina y tiró a la mitad de los tripulantes. Grande Rai. Bueno, empequeñeció un poco cuando fue a hacer lo mismo a la barca de las chicas y cayó a la primera sin tirar a ninguna
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Y los rápidos. Bueno, son eso, rápidos. Apenas duran diez o quince segundos cada uno. Sencillos. Divertidos. ¿Peligrosos? Es más peligroso el remolino de cuando cuelas el agua del bidé.
Para alargar un poco la “experiencia”, nos dejan saltar sobre el suelo de las barcas a modo de tobogán y luego tenemos un puente de 7 metros de alto desde el que también podemos saltar. Qué majos, oiga.
Finalmente, si les devuelves el neopreno, chaleco y casco, te dan un CD con mil quinientas fotos del evento. Bueno, fotos, fotos… imágenes donde parece que somos nosotros. Ni un primer plano bueno. Quizás con un vídeo… aunque para el caso…
Y todo esto por… no me acuerdo. Creo que eran 35 € por persona. Éramos unos cincuenta y lo hacen unas tres veces al día en verano. Calculen.
En definitiva: bonita y divertida experiencia; aunque para la próxima que sea un poco más… “extrema”.